
de una cárcel de cemento.
No pierdo oportunidad
para buscarte…
Y te encuentro.
En la escollera
de los Olivos:
Corrí, me escapé.
Contra un Árbol esquelético,
golpeaban las olas.
Contra mi Cuerpo desnudo,
lágrimas de felicidad.
¡Adiós al cuello blanco
y a mi portafolio!
¡Adiós a los reparos
que exprimen el alma!
Sin correa,
en libertad;
vestido de río,
vestido de sal.